miércoles, 25 de enero de 2017

Singular y personal




“Había pasado a cuidados paliativos. No quería sufrir. Nadie quiere. La doctora responsable de radioterapia, y el jefe de la unidad de oncología médica, poco podían hacer para salvar su vida. La propia Bimba había pedido que se suspendiera el tratamiento. Sabía que no le quedaba tiempo.” Este fragmento y otros similares llenan las páginas y pantallas de los medios de comunicación desde hace horas, días…

Se moría y lo sabía. No quería sufrir: nadie quiere. No quiso seguir con el tratamiento, convencida como estaba de que había llegado el final. Y no cualquier final si no el suyo, ese momento en el que las pocas decisiones que aun te quedan en la vida deben ser bien meditadas…

 Saber que uno se muere es, como casi todo, cuestión de actitud; de actitud valiente ante la inexorable realidad de una enfermedad que avanza y te avisa de que de que te estas yendo. Cada uno aquel sitio donde espera que descanse su alma. Y no es un fracaso de la ciencia sino el triunfo de ésta ya que te permite afrontar el final de modo activo, acompañado, en paz y sin dolor, con el soporte de un equipo médico detrás. Te ayuda a tomar decisiones importantes para ti, tú familia y, también, al equipo médico que te atiende a lo largo de un proceso de distinta duración, pero de la misma crudeza y desamparo, cuando sientes que la salud y la vida, te abandonan.

 No solo los casos mediáticos importan, aunque ayudan a hacer visible la labor de los equipos de Cuidados Paliativos (con mayúscula, escrita de modo consciente) que acompañan en el trance al paciente y su familia, disminuyendo los síntomas para poder humanamente hacerlo más llevadero. La muerte llega y no hay marcha atrás, pero si posibilidad de acercarnos a ella de un modo personal igual que afrontamos la vida que nos tocó vivir: cada uno el suyo, singular y personal.

Mi padre no era famoso y su ejemplo nos sirvió de modelo a todos. Cambio nuestro concepto de enfrentarse a la muerte: de cara, pero con la tranquilidad de saberse atendido en todo momento. El ejemplo de estos pacientes y trabajo callado y constante de los equipos medicos    sirven para recordarnos que todos morimos y que el modo de hacerlo bien merece una lucha sin tregua para que todos podamos acceder a morir en paz, sin dolor y en nuestro domicilio si así lo deseamos

Este es el debate real en esta España nuestra y no otro. Que las unidades de Cuidados paliativos lleguen a todo aquel que lo precise; que el buen morir no dependa de donde vivas ni de los medios técnicos y humanos a tu alcance, sino que éstos estén accesible a todo paciente que los precise.

Dora Postigo -hija de esta paciente llamada Bimba- nos da una lección  : "Muchísimas gracias a todos los que me apoyáis; que sepáis que hoy no es un día de tristeza, porque a mi madre es lo que menos le gustaba: la tristeza. Hoy es un día para estar contentos por todos esos momentos que hemos vivido y disfrutado con ella". Cuando una niña de 12 años es capaz de escribir esto de su madre muerta es que se ha hecho un buen trabajo: por la propia paciente, la familia y el equipo.

Descansa en paz, Bimba, allá donde tu alma repose.

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